Distintos ministerios porteños firmaron en conjunto un acuerdo incluido en el decreto 1081/08 del Plan de Igualdad de Género, en el cual se establecieron distintas medidas en las áreas de prevención, desarrollo social, derechos humanos, educación, espacio urbano y seguridad. Una de esas disposiciones, que tiene más de 40 años pero nunca se puso en práctica, es la de obligar a todos los choferes de colectivos que circulan por la ciudad de Buenos Aires a detenerse cada vez que una mujer quiera bajarse durante el horario de 22 a 6. El objetivo: protegerlas de la inseguridad y que caminen lo menos posible por la calle.

Otras de las determinaciones son la capacitación del personal que trabaja en centros comunales de prevención de violencia doméstica, sexual y de maltrato infantil; la creación de actividades referidas a programas de migrantes y diversidad sexual, y la prevención de delitos de índole sexual en espacios públicos y de esparcimiento.

Las preguntas que me surgen al conocer esta implementación son ¿realmente favorece la igualdad de género? ¿Qué pasa con todos los jóvenes y ancianos que viajen a esa hora? ¿Ayuda a la seguridad el demorar aún más el tiempo del recorrido en horarios en los cuales la frecuencia es ya de por sí muy reducida?

Esta disposición de frenar cuando una mujer lo requiera se sumaría a otras razones por las cuales los choferes tienen que frenar. Para los que no sabían esto (dada su falta de cumplimiento), deben parar los días de lluvia o cuando lo pide una mujer embarazada.

Muchas mujeres están aplaudiendo esta disposición a la que consideran “preventiva para su bienestar y seguridad personal”. Pero otras, al igual que muchos hombres, piensan que tanto adultos como jóvenes también son vulnerables a situaciones de inseguridad como asaltos, secuestros, etc., y que no favorece la igualdad, sino todo lo contrario.

Si nos ponemos a repasar casos como el de Matías Bragagnolo, el chico de 16 años muerto luego de una pelea con una patota en una calle de Palermo en abril de 2006, rápidamente nos damos cuenta de que los menores de edad son un blanco muy elegido para sufrir hechos de violencia. Hay que tener en cuenta, además, que esta franja de edad es la que más está en la calle durante las noches de los fines de semana. ¿Ellos no merecen la oportunidad de bajarse dónde necesiten hacerlo?

Como todos sabemos, la frecuencia de todas las líneas de colectivo es mucho más reducida durante las noches. Las esperas suelen ser de 20, 30, 40, 50, 60 minutos o incluso más. Con esta medida favorable sólo a las mujeres, las demoras serían todavía mayores, de manera que todos aquellos que quieran tomar uno deberían estar más tiempo expuestos esperando en las paradas.

Si bien no es la única medida del acuerdo, la balanza entre ambos sexos no parece quedar muy equilibrada, a menos que se empiece a analizar profundamente todas las variables que implica esta disposición y que se incluya en un futuro próximo otras resoluciones beneficiosas para todos, sin excepción alguna.