Hoy se cumple un nuevo aniversario del comienzo del período más oscuro de la historia argentina y cuyas heridas todavía no están saneadas: la dictadura militar de 1976-1983. Pasaron 32 años, y tanto las generaciones que padecieron esa etapa como las que vinieron después pero que igualmente conocen los horrores que se vivieron, coinciden en recordarlo como tal.

Conocido como Proceso de Reorganización Nacional, fue la noche del 24 de marzo de 1976 la elegida por las Fuerzas Armadas para irrumpir violentamente en un gobierno democrático y tomar el poder. La Junta Videla-Massera-Agosti, fue la encargada de dar el puntapié inicial a la tragedia y al desastre.

Aunque quisiéramos detallar cada una de las formas de torturas y las medidas implementadas en distintos ámbitos, jamás podríamos ser lo suficientemente completos que el tema merece. Sin embargo, mencionar atrocidades como “El Plan Cóndor”, proyecto extendido a toda Latinoamérica y cuyo fin último era eliminar a todos los que tuvieran ideas que ellos consideraban negativas y opuestas a sus objetivos, es más que suficiente para darse cuenta de que sus límites a la hora de actuar sobrepasaban cualquier respeto por la vida humana.

Represión callejera sin motivos, censura previa a cualquier forma de expresión, métodos de tortura totalmente perversos y robo de bebés a aquellas mujeres secuestradas eran sólo alguno de los medios para alcanzar sus propósitos y justificar sus aires de grandeza. La conocida y polémica frase maquiavélica “El fin justifica los medios” se convirtió, así, en su principal premisa para gobernar desde el primer día.

Fue la innecesaria Guerra de Malvinas, en 1982, la que superó cualquier decisión pública que los sucesivos gobiernos de facto tomaron en todo este período y que terminó de hundir a nuestro país en un pozo del cual se intenta salir desde el retorno a la democracia el 10 de diciembre de 1983. En ese período, las idas y vueltas fueron (y son) inevitables: el Juicio a las Juntas y sus sentencias; las leyes de Obediencia debida y Punto Final; los indultos que el ex-presidente Carlos Saúl Menem dictó con el decreto 1.002/89, beneficiando a jefes militares que no alcanzaban a salvarse por las leyes antes nombradas, y las causas hoy demoradas por los crímenes de lesa humandidad que el kirchnerismo promovió (por sobrecarga en los tribunales orales encargados de las sentencias).

Hace dos años que este día pasó a llamarse “Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia”, en un intento de reafirmación de una de las principales escudos del kirchnerismo: la defensa de los derechos humanos. Hoy, 32 años después, ese recuerdo se manifiesta en una serie de actos que comenzaron por la mañana con una ceremonia interreligiosa en el Museo de la Memoria, donde en ese momento funcionaba el centro de detención clandestino más cruento de los muchos que había: la ESMA (Escuela Superior de Mecánica de la Armada). El otro evento importante, sumado a todos los que se realizaron en distintas provincias, es la marcha hacia Plaza de Mayo organizada por agrupaciones de derechos humanos. A ninguno de ellos concurrió, ni lo hará irónicamente, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, quien se jacta de ser una de las más férreas defensoras (junto con su marido) de los derechos humanos y que pidió querer terminar con los juicios pendientes.

Este último tema es el que mantiene viva las ganas de justicia en la actualidad. Hay más de 300 causas abiertas, de las cuales sólo 23 llegaron a juicio oral y público. El resto de ellas todavía espera una resolución, que hoy se encuentran demoradas por la falta de dinamismo de los tribunales a la hora de trabajar y por la gran cantidad de apelaciones recibidas por los militares y ex-agentes de seguridad acusados que intentan salvar lo insalvable. Por esto los pedidos de reorganización y de creación de un nuevo tribunal por parte de distintas organizaciones de derechos humanos y de jueces no se hicieron esperar. Perece que lo que al principio era una lucha intensa por la verdad y las sentencias, poco a poco fue disminuyendo en carácter hasta pasar a ser más ejemplos de la lamentable forma de trabajar de la justicia argentina.

Muchos tomaron este día sólo como una jornada para el recuerdo y la reflexión, más allá de haber estado directamente involucrados o no. Sin embargo, otros lo consideraron como un día más de la serie de feriados por Semana Santa y como la oportunidad perfecta para hacer una “escapadita” a algún destino turístico. De una u otra manera, sin embargo, poca gente puede estar desentendía de los que hoy se conmemora porque la mancha que dejaron esos casi 8 años difícilmente podrá ser depurada algún día.