Con un look muy parisino, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner participó hoy de la marcha realizada en París en reclamo por la liberación de Ingrid Betancourt, ex-candidata presidencial colombiana secuestrada por las FARC en 2002. En contradicción con el nombre de la convocatoria, marcha blanca, la Jefa de Estado vistió un fino traje negro con guantes y gorra incluidos para aparentar una sobriedad que pocos descubrieron.

El viaje de la Presindenta tiene otros fines. Las relaciones bilaterales con Francia son muy importantes para el gobierno para definir ciertos temas, principalmente la construcción del tren bala de Buenos Aires a Rosario, adjudicado a Alstom y financiado por Netixis, empresas francesas. Según lo establecido por distintas fuentes, el costo total de este proyecto costará no menos de 3000 millones de dólares, aunque se había anunciado públicamente que se gastarían 1300 millones. Otra de las razones del viaje de Cristina fue dialogar con el Pirmer Ministro francés sobre la relación de Argentina con el Club de París, que es un mecanismo de convocatoria informal por parte de acreedores oficiales de países endeudados para renegociar coordinadamente sus deudas externas y con dificultades de pago. Nuestro país le debe actualmente 7000 millones de dólares.

Ambos deben ser motivos más que suficientes para que la hayamos visto marchando y argumentando la necesidad de la liberación de Ingrid en favor de los dercehos humanos. ¿Son realmente importantes para ella los derechos humanos o sólo representan un discurso que enmascara intereses económicos?

En nuestro país, la inseguridad sigue estando a la orden del día, más allá que los medios de comunciación no lo tengan en sus principales temas en las últimas semanas. Mientras los hechos delictivos siguen sin mejoras evidentes, la Presidenta camina elegantemente en el viejo continente para pedir que una mujer sea liberada por una red de secuestradores colombiana. ¿La veremos alguna vez en nuestro país haciendo lo mismo?