El frío comenzó a asomarse de manera violenta en todo el país. Temperaturas mínimas inferiores a los 3 grados caracterizaron las crudas mañanas argentinas, en las que las bufandas, los pulóveres y hasta los guantes pasaron a ser una realidad por lo menos hasta el jueves. El invierno se acerca y las dudas sobre la provisión de gas y energía comienzan a asomarse como uno de los nuevos (o no tantos en realidad) fantasmas de nuestra sociedad. ¿Hay un plan concreto por parte del gobierno para la provisión durante el próximo período invernal? ¿De qué manera lo implementarán?

El año pasado, las experiencias no fueron positivas. Si bien todos disfrutamos aquel 9 de julio en que la nieve invadió nuestras calles, ciudades y provincias, los cortes de luz y de gas también formaron parte del paisaje invernal. La demanda de energía fue de 18.400 megavatios, suficente para que los sistemas de provisión colapsaran y seamos los ciudadanos los que suframos las consecuencias. Se espera que la demanda sea de 20.000 megavatios para este 2008. De manera que a menos que exista nuevas medidas, la escasez será inevitable.

Desde el gobierno anuncian inauguraciones de nuevas centrales energéticas, pero ya se resguardan afirmando que sus turbinas demoran dos meses para trabajar al 100%. Brasil, se había comprometido a proveerle 400 megavatios, pero debido a las sequías que sur del país y sus correspondientes efectos en la generación de energía, dicha entrada podría quedar suspendida. Los obstáculos para la mejoría son una constante.

En cuanto a la provisión de gas, un acuerdo con Bolivia para que dicho Estado ayude en la provisión de gas parecía ser la solución. Sin embargo, y aunque el Ministro de Planificación intente ocultarlo afirmando que habrá un aumento en la cantidad de metros cúbicos diarios al sistema general, las industrias aseguran que la carencia es casi un hecho, en parte porque en ese mismo país también faltará gas.

La negación sigue siendo un escudo para la actual gestión y las medidas a corto plazo la única vía para intentar escaparle a los problemas. Una vez más, el gobierno demuestra que un plan estructural y de base no es uno de los objetivos a cumplir en el mediano o largo plazo y que la Argentina continúa, en muchos aspectos, atada a un fino hilo.