Esta semana estuvo marcada por el reclamo indirecto de la sociedad argentina: el pedido de honestidad de los políticos y del ejercicio de sus funciones sin corrupción o pensando en sus beneficios personales, por parte de las más de 70 mil personas que estuvieron en el Salón Azul del Congreso y de las otras tantas que luego siguieron su cortejo fúnebre hasta el cementerio de la Recoleta.

La muerte del ex-presidente Raúl Alfonsín, paradójicamente en la misma semana en que se conmemoraba un nuevo aniversario del principio del fin del proceso militar que él coronó con su asunción, implica la culminación de una etapa en la que, por ejemplo, las campañas no estaban invadidas por las cámaras de televisión y eran multitudes las que acompañaban a los candidatos.

Durante su gobierno, Alfonsín atravesó distintos momentos como el juicio a las Juntas en 1985, el levantamiento de los “Carapintadas” en la Semana Santa de 1987, la declaración de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final y la Hiperinflación que precipitó el cambio de mando en julio de 1989. Muchos de ellos lograron la oposición de personas que le habían dado su voto de confianza en 1983 pero que, no obstante, no dejaron de estar presentes en su despedida en el Congreso o en la caravana hacia la Recoleta para destacar su interés por la democracia y su mantenimiento.

El eco de su muerte en todo el mundo es otra señal de la importancia que tuvo este personaje para la historia nacional. Hasta el Papa Benedicto XVI hizo referencia a él en el comunicado que le envió a su familia, afirmando que era un hombre con “altas miras”. Nadie discutió la relevancia de este hombre. Por el contrario, todos los destacaron como el artífice del regreso a la democracia tras un largo período de terrorismo de estado.

Ya algunos dirigentes dentro del radicalismo, confían que este “brote alfonsinista” les jugará a favor para recuperar muchos de los votos perdidos luego, fundamentalmente, de la caída de Fernando de la Rúa. Pero este acontecimiento trascendió toda bandera para despedir a una persona considerada comprometida con la política por gran parte de la ciudadanía argentina, en un grito especial por volver a esa manera de trabajar por la transición positiva del país.